20 may 2013

Tell me the legends... [ Fanfic Yunjae + 18 ] Capítulo 19 + 20 + 21 + 22.

[RECUERDEN LEER ACLARACIONES ---> http://picture-ofyou.blogspot.com.ar/2013/05/tell-me-legends-fanfic-yunjae-18.html PARA COMPRENDER E CAMBIO DE TIEMPO ENTRE OTRAS COSAS]


Capítulo 19 – Soborno.

“… la misma noche en que leas esta carta…deberás esperarme en la entrada de la ciudad. Puedes venir solo, o acompañado… aquello no me afecta. No acepto un “no” como respuesta y comprenderás el porque en el preciso momento que crucemos miradas. Tengo algo tuyo Kim Jaejoong, algo que sin dudas marca el comienzo de un punto débil. Encárgate de no darme motivos para que lo devuelva sin vida. Sí… así como lo escuchas… sin vida.”

Aquella fue la carta que la Condesa le hizo llegar al mismísimo Jaejoong dos días después de la pelea.
Ellos dos no habían vuelto a dirigirse la palabra y Yunho, ni siquiera se había enterado del episodio.
O quizás sí a medias, cuando Taemin le comentó que las primeras palabras de su hija habían sido “omma – omma” y que fueron dirigidas nada más ni nada menos que a Jaejoong.

Era una mañana calurosa, y se preparó junto a su hija y esposa para asistir a una reunión importante, aunque no quería dejar el castillo y preferiría descansar estos últimos días que le quedaban antes de volver con su ejército.
Se fue sin sospechar ni un poco, del gran soborno que Typhoon y su esposa estaban implementando con su amante.

Jaejoong pasó el día nervioso… y eso no cambio llegada la noche.
No le dijo a los sirvientes a donde iba, simplemente se fue.
No le sorprendió encontrar a Typhoon puntualmente en la entrada de la ciudad, ni mucho menos su intención de llevarlo a un lugar más privado a penas lo vio. Lo rechazó como siempre, pero esta vez fue distinto… porque se mostró serio y le garantizó una buena explicación.

El rubio no pudo creer lo que vio al entrar al bar de paso de la ciudad… estaba “ella”, a quién la creía muerta por culpa del ejército japonés… estaba su hermana.

Kim Su Young, para ser más exacto… bebiendo una copa junto a otros  generales.

-          ¡Bastardo! ¡Déjala libre!
-          Shhh… rubio, sabes que no puedo hacer eso… tengo otro plan para ella.
-          Ella es una mujer inocente Typhoon, no le hagas esto… ¡y menos por mi culpa!
-          ¿Hacerle qué? Yo no voy a hacerle nada malo… si tú cooperas por supuesto.
-          ¡Eres una basura!
-          No seas así de desafiante conmigo esclavo… ¡No olvides quién tiene el poder ahora! – le gritó el general… tomándolo del brazo y obligándole a entrar al lugar... se posicionó tras él, aunque sabía que al rubio no le gustaba, mientras olía su cabello y susurraba en su oído – Yo te dije Jaejoong… tarde o temprano ibas a ceder…
-          Maldito…

El sirviente se quedó inmóvil y tuvo sinceras ganas de llorar en ese momento… pero no podía hacerlo, al menos no todavía.

-          Ella seguirá con vida y tendrá sus privilegios… siempre y cuando su bello hermanito venga a visitarme de vez en cuando en privado. ¿Sabes? Me harás alguno de esos favores que tanto te gustaba hacer cuando eras más joven y tu alma no había sido comprada… – un escalofrío recorrió la espalda del rubio… que caminaba hacia donde su hermana estaba sentada – ¡Ah! Otra cosa más… vas a portarte bien con la Condesa… tal como un esclavo inservible debería comportarse… - Typhoon se río al sentirlo temblar. Por fin, luego de tanto tiempo, había encontrado el punto débil de quién se moría por proclamar como suyo - ¡Ah! Perdóname pero quiero agregar algo más… ¡No quiero enterarme de que vuelves a pasar por la cama del Conde… y ni siquiera que sus manos rocen tu cuerpo… ¿Me oíste?
-          Maldito…
-          ¿Qué has dicho? – Jaejoong no volvió a hablar, eso hizo que el General se pusiera más nervioso y agresivo de lo que estaba - ¿Qué has dicho Kim Jaejoong? ¡Repítelo por que no he oído bien! ¿Acaso quieres que mande a tu hermana a nadar junto el resto de tu familia?
-          ¡No!
-          Entonces… ¿De acuerdo o no?
-          De acuerdo… cumpliré tus órdenes… de acuerdo…
-          Bien… ve a saludarla si quieres.

Se alejó del general rápidamente y sorprendió a su hermana, interrumpiendo la charla que tenía con los otros soldados.
Ninguno de los dos podía creerlo… así como tampoco podían dejar de llorar.
Era su hermana… lo único vivo que le quedaba de su destruida familia…

Se maldijo por dentro al recordar lo que le había prometido a Typhoon… y encontró otro motivo para no parar de lagrimear…

Esa noche fue larga… demasiado tal vez, y no se parecía en nada a la anterior… cuando había dormido con el hombre que lo hacía feliz.
Aceptó estar con el general y simplemente, no pudo sacarse la imagen de Yunho de su cabeza ni un momento, en toda la noche.

Lo necesitaba… le ardía el pecho, quería hundirse en sus brazos, quería oírlo decir cosas lindas para él, quería estar con la persona que amaba.

Pero eso no fue posible… no hasta el amanecer.

[…]

-          Yunho…

Jaejoong llegó desarreglado a la mansión, cuando aparecieron los primeros rayos de sol. Era temprano, demasiado tal vez como para encontrar a alguien por los pasillos.
Sin embargo Yunho estaba ahí… en su habitación esperándolo y preguntándose por que no había dormido en su cama.
Aunque el moreno intentó decirle algo, él no le dio tiempo… simplemente se echó a llorar en sus brazos, intentando retenerse lo más posible para no hacer ruido y despertar a la Condesa.

-          ¿Dónde estabas? – no pudo responderle, mientras que continuaba llorando y sentía su pecho comprimirse todo el tiempo - ¿Qué te hicieron Jaejoong? ¡¿Qué te hicieron?!
-          Yunho… Yunho… te amo…
-          ¡¿Quién mierda se atreve a hacerte llorar?!

A pesar de intentar calmarse… el rubio no podía dejar de sentirse angustiado... con esa sensación de asco que le causaba su propio cuerpo, así como cuando trabajaba en aquel burdel coreano.
Recordó las amenazas de Typhoon y sintió miedo, ya que estaba desobedeciendo sus órdenes y a penas habían pasado minutos desde que llegó al castillo.

Solo se dejó llevar por la tristeza y deseó que el tiempo se detuviera y que nadie más que ellos pudieran continuar con sus vidas…

-          Cierra la puerta Yunho… y prométeme que nadie se enterará de lo que ocurra aquí… esta noche.
-          ¿Por qué quieres que te prometa eso?
-          No importa el porqué… solo hazlo…

El moreno se paró y tomó la llave para así poder trabar la puerta… no parecía tan mala idea después de todo… teniendo en cuenta que él tenía esposa y que los sirvientes caminaban por los pasillos todo el tiempo.
Cuando volvió a la cama, el rubio ya se encontraba acostado, esperándolo.

-          Te haré mío nuevamente hoy “Mi Jaejoong”…
-          Hazme tuyo Yunho, hazme el amor las veces que quieras… hasta que me quedé dormido en tus brazos, y solo pueda recordar tu nombre… el de nadie más.

[…]

Habían sido algunos meses pacíficos sin guerra hasta ese momento.
Pero Yunho ya lo tenía asumido, debería partir a más tardar dentro de 2 días, y a luchar… no a realizar simples entrenamientos.

El ejército coreano no iba a esperar a que él Conde Japonés solucione sus problemas personales… y mucho menos perdonar su distracción.

Todos estaban listos para iniciar la segunda parte de la Guerra, así también Typhoon y todo el sector que debía acompañarlo… pero había un problema…

No quería irse, no ahora que Jaejoong estaba comportándose tan extraño y necesitaba tanto de su ayuda.

Podía verse al rubio llorar muy seguido, pero sin motivo alguno… al menos para el moreno. No era fácil hacerlo llorar… solo sus largas discusiones lo lograban, pero aún así, tampoco decaía su estado de ánimo y humor.
Le preguntó en varias ocasiones ¿Qué le había pasado? Luego de esa noche donde había llegado angustiado de la ciudad… ni siquiera se atrevió a retarlo por no haber avisado que partía… hoy solo, necesitaba entender que era lo que estaba borrando su sonrisa.

“… No es nada Yunho-Ah, me di cuenta que soy más sensible de lo que había pensado… ya se me pasará, no es nada serio”

Pero aquellas palabras solo lograban ponerlo más nervioso si era posible.

Algo lo sacó de sus pensamientos…

…era Jaejoong junto a Hyunah, que llegaban caminando a su lado a orillas del río que rodeaba el castillo.

Se quedó inmovilizado por tanta belleza… y el corazón se le llenó de paz, por primera vez en toda su vida.
Un sentimiento débil… bastante blanco y relajador se apoderó de su mente y eso estuvo lejos de molestarle… todo lo contrario, simplemente sonrío.

Pero sonrió sinceramente, y más cuando su hija corrió hacia él y comenzó a gritar:

 “Oppa, oppa… está...ba…mos bus bus candote…”

A penas podía terminar la frase debido a que le costaba hablar, después de todo era muy pequeña.

-          Te extrañé hermosa… ¿Sabes?

Los cachetes de la niña se ruborizaron con las tiernas palabras de su padre… lo abrazó, pero rápido quiso volver al suelo, ya que después de todo gatear le resultaba divertido, un mundo completamente nuevo para ella.

-          ¿Y tú Jaejoong? ¿Qué cuentas? – el moreno le preguntó de golpe, notando como su amante continuaba con la mirada sobre Hyunah, que ya intentaba pararse sujetándose de unas rocas.
-          ¿Yo? – el rubio se sorprendió y le sonrió… de ese modo, su corazón también, ya que tanto extrañaba su sonrisa - ¿Algo más para decir a parte de que estoy feliz porqué tu hija lo es?
-          Mmh… tal vez, estés feliz por otras cosas…
-          Puedo estar feliz también por que un Conde tan importante piensa tanto en mí y me cuida… y me cumple los caprichos… y me deja dormir a su lado… - Jaejoong comenzó a juguetear con las manos de Yunho mientras le hablaba… lo besó, aunque hubiese preferido no hacerlo. De todos modos sabía, nadie del castillo se encontraba mirándolos.
-          Entonces yo debería estar feliz por tener a alguien como tú tan cerca mío… por haberte conocido…
-          Eres la primera persona que me dice algo así… enserio.

La niña sonreía mientras los escuchaba, aunque probablemente, no entendía ni una sola palabra de lo que decían.
Corrió hacia Jaejoong… ya se había cansado de jugar.

-          Omma… ¡Quero… Quero comer…! – le dijo mientras jalaba de su pantalón y se dejaba alzar del suelo. Sin embargo, recibió una tierna reprimenda por parte de su padre.
-          Hyunah, hay algo que debo decirte y ojala comprendas… pero… no es recomendable que llames omma a Jaejoong todo el tiempo… y menos frente a tu madre.
-          ¿Madre?
-          Así es linda… tu madre, Bo Ah. Aunque ella no pase mucho tiempo contigo, ni haga las cosas que Jaejoong hace por ti… ella sigue siendo tu omma.
-          Pe…pero no quero oppa…
-          Hyunah… solo cuando estés con otra gente ¿sí? Si no, no habrá ningún problema. – el rubio la tranquilizó… y fue él quien su puso nervioso luego con la llegada repentina de Changmin.
-          Yunho, el señor Seo Kwon te espera en el castillo… creo que hay malas noticias.
-          ¿Ahora?
-          Sí… está junto a Bo Ah y… quiere que lleves a la niña también, para saludarla antes de marcharse otra vez.

La garganta de ambos se cerró al escuchar al morocho.
No había sentido alguno del porqué la presencia del gran Señor en su mansión.

Yunho besó la mano de Jaejoong y acarició le mejilla de su hija… luego, simplemente entró sin decir alguna otra palabra.

El silencio de Changmin significó demasiado… tal vez, hasta algunas cosas de más para el sirviente que hoy, se encontraba temblando de miedo.

No soportaría que le arrancaran a la niña… y muchos menos, que le arrancaran a Yunho.

[…]

-          Ahora estando aquí solos Yunho… mi hija me ha hablado mucho sobre ti. – el Señor Seo Kwon esperó por una respuesta de parte del moreno, pero solo obtuvo silencio desde el otro lado del escritorio, donde intentaban hablar. - ¿Sabes de qué me ha hablado?
-          Probablemente haya llevado quejas… y rumores.
-          Así es… sabes bien de que hablo.
-          Bueno… dígame hasta que punto va a creerle y que tengo que hacer yo para conservar mi puesto… y mi ejército por supuesto.
-          Quiero que prepares a mi nieta para heredar en un futuro tu puesto. – el moreno se llenó de odio… sabía que eso era inevitable, su hija no era ninguna clase de trámite para él y eso sentía al escuchar a su suegro – Por supuesto… deberás encargarte de que elija al pretendiente adecuado… ya que él será el que irá a luchar y no ella.
-          Lo se.
-          ¿No dirás más nada?
-          No… por que se que usted aún no me ha dicho todo.
-          Eres bastante astuto. – el hombre cargó su vaso de Vodka, mientras se ubicaba para continuar hablando – el sirviente… Kim Jaejoong. ¿Qué relación tienes con él?
-          ¿Qué le dijo su hija?
-          ¿Eso importa? Yo hice la pregunta primero.
-          Bien… - suspiró y trató de encontrar las palabras exactas, ya que sabía, el futuro del rubio podía depender de él – es una relación… de amo y sirviente. Él solo recibe críticas por ser de nacionalidad coreana… pero créame, nada lo une a su país el día de hoy.
-          ¿Y por qué peleas con los otros generales como un adolescente cuando quieren algo de él?
-          Porque… porque es mi sirviente. Mi más preciado sirviente.
-          ¿Sabes las cosas que se han dicho de mí hija desde que ese chico llegó al castillo? O peor aún… ¿Sabes que cosas se han dicho del gran Conde desde que te decidiste a pelear frente a un ejército por un esclavo?
-          No las se señor… y no me interesan, ya que jamás dejo que esos comentarios me afecten.
-          ¡Ja ja ja! Claro, para ti es fácil decirlo… ¡y que poca es la voluntad del hombre para resistirse antes los encantos de un bailarín!
-          Ya lo he dicho, no hay de que preocuparse por Kim Jaejoong. No es necesario seguir hablando de él.
-          Bien.
-          ¡Bien!

Yunho estaba furioso, molesto, indignado… ya que él podría haberse vuelto blando en ciertos aspectos, pero sin dudas en cuanto a sus relaciones diplomáticas, nadie merecía desprestigiarlo.
Quiso matarlo y simplemente olvidar todas las idioteces que le había dicho… pero se limitó a sonreír y preguntar si había algo más que quisiera comentarle.

-          ¿Algo más debe decirme Señor?
-          Sí. Que se acabaron los amoríos en este momento… y que mañana a la noche partes a territorio coreano para atacar nuevamente.
-          ¿Atacar? Así… ¿Tan de prisa?
-          Sí… ¿Acaso tienes algo más interesante que hacer que cumplir tu deber?
-          No… claro que no pero…
-          Shhh… ya lo dije. Conde… mi intención no es pelear con usted, ni mucho menos crearle un descontento. Así que limítese a obedecer y seguiremos trabajando tan bien como hasta ahora. Le confié el puesto más importante en el ejército, la mano de mi hija y la preparación del próximo descendiente al trono… creo que me merezco algo más de compromiso de su parte.
-          La tendrá de una vez. La tendrá.

Capítulo 20 – 21 – Roja como las cerezas. Roja como la sangre.

-          Realmente fueron tiempos difíciles para el Conde y el sirviente. Ni hablar de Hyunah, que se había encariñado con su padre.
-          ¿Y que fue de la relación de Jaejoong con Typhoon?
-          Fue asquerosa y se estableció mediante sobornos señorita Ji Min… realmente asquerosa.
-          ¿Lo obligaba a estar con él?
-          Así es… y cada vez que él tenía intenciones de negarse… le recordaba que tenía a su hermana como prisionera.
-          Pobre hombre… - la muchacha se lamentó. Entendió un poco los sentimientos del rubio… ya que era algo usual con la trata de mujeres hoy en día. A pesar de que él no fuese una mujer, era bastante cotizado como una.
-          Lo que el General no notó… fue que lo único que hacía con su soborno era crear más odio y más repulsión. Para mí, creó un arma en la mente de un joven bastante inocente.
-          No creo que Jaejoong fuese un hombre inocente… permítame aclararle. – Yoochun se metió… es que luego de oír la historia, creía que ese adjetivo no calificaba correctamente para él. – es decir, no creo que sea un joven malo… pero simplemente la vida ya le había quitado la inocencia hace mucho.
-          Tal vez… pero recuerda, que en parte, junto a Yunho la había recuperado…
-          El poder del amor… ¿Cierto? – se rió Junsu. El historiador lo miró con mala cara. – Omitan la parte en la que fui sarcástico… y piensen por un momento en si tengo o no razón…
-          Tal vez tengas razón Junsu, yo siendo mujer… creo en esas cosas… y ahora, dígame… ¿Hyunah? ¿Qué fue de ella?
-          Ella creció en paz… mientras el Conde no estuvo en la casa…
-          ¿Pero su relación con el Conde no era buena?
-          Si… solo que si el Conde estaba en el castillo comenzaban las peleas… entre los adultos.
-          Eso le hacía daño a la niña…
-          Así es… Pero, Yunho venía cada un mes aproximadamente. Incluso cuando ella cumplió 1 año, el no había podido asistir. Jaejoong se encargó junto a Changmin y Tiffany de la fiesta.
-          ¿Y su madre?
-          ¿Bo Ah? Ella odiaba hasta a su propia hija. Se encargó de hacer reuniones para aparentar un bienestar familiar que jamás existió… la ignoró y se encargó de lastimar a la única persona que la cuidaba. – el hombre se quedó en silencio unos segundos, los 3 viajeros se miraron entre sí… tal vez había algo en la historia que no se animaba a contar – Bueno, eso terminó llevándola al desastre al cabo de años.

La pequeña Hyunah cumplía 2 años… pero esta vez, no fue Jaejoong, ni Changmin y Tiffany quienes le organizaron una fiesta… si no, su misma madre.
El rubio observó todo con desconfianza… ya que ella no había aparecido en la mayoría del tiempo durante esos años. Sospechaba, que habían intenciones dobles detrás de todo ese montaje.
Yunho regresaría en la noche, luego de tanto tiempo de estar en batalla… pero aún así la Condesa había iniciado la fiesta en la mañana.

En cuanto a los sentimientos de Jaejoong en aquel tiempo sin el moreno… estaba dormido, pero tenía una conexión con su mundo real… Hyunah.
A pesar de ser sobornado todo el tiempo por Typhoon y de ser obligado a hacer cosas que no quería… todo valía la pena cuando veía el rostro de la niña feliz, y más el recordar a Yunho… en como había cambiado por él.
No iba a escaparse… sabía que estaría abandonando a personas muy importantes, y aún tenía fe de lograr liberar a su hermana para así desprenderse del psicópata del General.
Por supuesto, Yunho no tenía conocimiento de esto. Ni siquiera Changmin… solo Bo Ah.

Entró al salón… donde la Condesa almorzaba junto a otras mujeres de altos rangos. Hijas, hermanas, esposas de generales por ejemplo. Notó la asquerosa mirada de todas ellas.
Las odiaba profundamente.
Ricas, mantenidas, prejuiciosas, “chusmas”… y encima venían a observar a su hermosa Hyunah

Se mantuvo parado en un costado… esperando que tal vez Bo Ah le pidiese algún favor… pero ella parecía ignorarlo.
La niña… se sentaba en un extremo de la mesa, se la veía aburrida… molesta, así que comenzó a hacerle señas con las manos, mientras sonreía y jugaba.
Jaejoong quería reírse y continuar con su juego… pero sabía que no era posible.
Le respondía con leves gestos e intentaba callarla con otras señas… pero eso parecía entretener aún más a su… podría decirse, “casi hija adoptiva”.

-          Kim Jaejoong… ¡realmente es un placer conocerte!
-          El gusto es mío señorita…

Una muchacha, que aparentaba tener su misma edad, entró a la habitación y lo saludó, ignorando por completo la presencia de las otras mujeres.
Ella lucía hermosa, pero para nada femenina.
Tampoco era desubicada… ni menos desagradable, pero simplemente era diferente y digna de admirar.

“¡Cuñada!”… se escuchó el gritó de Bo Ah y ahí comprendió… se trataba nada más ni nada menos que de Anne Jung, la hermana menor de Yunho, la mujer que comandaba ejércitos.

La respuesta de ésta fue mínima… solo abrió sus brazos para recibir a la cumpleañera, que gracias a la emoción, salió corriendo alrededor de la mesa, ignorando la reprimenda de su madre, que la había querido quieta durante todo el almuerzo. La misma Condesa la sujetó del brazo cuando pasó a su lado… pero ella se safó de su amarré para seguir corriendo y así chocarse con una de las sillas.
Se cayó de muy mala manera al suelo… y no tardó ni 2 segundos en comenzar a llorar, cuando vio las gotas de sangre brotar de su rodilla.
Bo Ah bufó y se acercó a ella solo por la mirada atenta de las otras mujeres.

El rostro de todos en la habitación se transformó… cuando la niña no dejó que su madre la rozase siquiera. Incluso empujó su brazo enojada.
Anne abrió los ojos, ya que no recordaba que la relación de su sobrina y cuñada fuese tan estrecha. Mala podría decirse.
 Se escuchó un leve murmullo… la niña lloraba cara vez más fuerte y con el segundo intento de la avergonzada Condesa por levantarla comenzó a gritar…

-          ¡Omma! Levántame tú… no quiero que ella me toque… ¡Omma! Me duele mucho… me duele…
-          ¿Qué dices Hyunah? Amor… Yo soy tu Omma… déjame ayudarte. – intentó calmar la situación… pero la niña, que no necesitaba fingir nada, no iba a aceptar participar de un juego creado por ella.
-          No lo eres… ¡No! ¡Jaejoong Omma, Tía Anne, Tío Changmin! ¡Me duele!

Bo Ah Kwon se quedó sin palabras. No intentó ayudarla nuevamente, y solo se corrió hacia un costado cuando el mismísimo Jaejoong se acercó a levantarla.
Esta vez, realmente había creído que habían rozado su límite.
Incluso sin la presencia de Yunho, seguía siendo desvalorizada. No podía permitirlo. Esa no era su hija… era un capricho que representó más poder para su horrible esposo y más confianza para su amante.

Odiaba a la niña… odiaba al Conde… odiaba a su sirviente.

El rubio la sujetó en brazos y la sacó de la habitación… las mujeres allí dentro se habían quedado boquiabiertas.

Aquel rumor de que Yunho Jung había traído a un esclavo parecido a un ángel desde corea… y no solo eso, se había vuelto su amante, su guía, su punto débil… incluso ganándose el corazón de su pequeña hija… eran más que ciertos.

Anne y Tiffany serían las encargadas de seguir con la fiesta, pero Bo Ah, acababa de perder la razón gracias al odio y la envidia.

[…]

El Conde y el Señor Seo Kwon llegaban al castillo luego de finalizar con una serie de batallas… victoriosas por supuesto.
Aunque esperaban un ambiente festivo… solo se encontraron con una mujer totalmente cegada por un enojo inexplicable.

Aunque Bo Ah esperó escuchar alguna reprimenda de parte de su esposo… la recibió directamente desde su padre.

El moreno creyó que no debía formar parte de la pelea… así que solo llegó a donde los invitados continuaban con la fiesta y saludó a todo el mundo allí dentro. Incluida su hermana, que sonrío al verlo tan vivo… y tan expresivo.

Se preocupó por el estado de su hija… y se mostró demasiado ansioso por verla, así que la mejor opción fue esperar a que Jaejoong y Changmin regresaran con ella desde el hospital.

Después de todo, él era el “Conde de la Muerte” y su cabeza… valía miles y miles de yenes en corea…no quería salir por la ciudad a buscarlos, ya que podría terminar involucrado en una emboscada militar.
Su interior pudo haber cambiado respecto al castillo… pero continuaba siendo el mismo ser inexpresivo cuando se trataba de la guerra.

[…]

Era una noche muy extraña.
Una de las que peor sabor le traían a Jaejoong desde que había pisado la Mansión Jung.
No había ocurrido nada malo, ya que la fiesta avanzó con nuevos invitados y una “Hyunah” herida pero feliz…
Tiffany y Changmin se encargaron de atender a todos, y Anne era una buena anfitriona cuando se lo proponía. Parecía ser que no habían pasado ni dos meses desde su partida del castillo para dedicarse a la lucha.

Anne Jung tenía 22 años recién cumplidos y… aunque su intención toda la vida fue ser una mujer normal, gracias a su hermano no había podido serlo.
Tras la muerte de su padre, seguida de la de su madre, quedo a la merced de Yunho que, cegado en odio y rencor, jamás tuvo tiempo de darle amor.
Ella sin embargo, amaba al único integrante que le quedaba de la familia, y trataba de entender el porque de su actitud tan fría y seria para todo lo que hacía.
Pero esa tarde, luego no de verlo por tanto tiempo, había notado algo extraño cuando cruzaron miradas. ¿Era una sonrisa? ¿Acaso Yunho le había dedicado una sonrisa?
Mentir, no iba a hacerlo… escuchar, si que había escuchado rumores.
Los juntó a todos de golpe y llegó a una fatálica deducción: “el corazón de su hermano había sido tomado”.
Recordó el día en que, como una adolescente emocionada, le contó al moreno que le gustaba demasiado un chico, que lo quería. Ese chico estudiaba en el ejército con ella, y realmente se llevaban muy bien... a parte de haber tenido algunos encuentros amorosos paralelamente a sus deberes.
Pero no recibió una respuesta bondadosa del mayor, que la miró con mala cara y le dijo: “¿Querer? ¿Gustar? Ocúpate de tu vida Anne, das vergüenza.”

¿Sería tal vez el momento de echárselo en cara?

Sintió frío, aún cuando la noche era calurosa y la había obligado a retirarse de la celebración…
Una mano le sujetó la espalda y le habló despacio…

Por algún motivo, sonrió entre tantos pensamientos.

-          Señorita… ¿Quiere que le traiga un abrigo? – el rubio, aún desconocido para ella, le devolvió la sonrisa. Solo se quedó callada, sin saber que decir. - ¿Algún problema señorita?
-          Anne, Jaejoong… llámame Anne.
-          Bien. Anne, ¿Necesita un abrigo?
-          No, muchas gracias… fue solo un… escalofrío. – la morocha de rasgos perfectos y duros al igual que su hermano, no pudo evitar perderse un momento en el rostro del sirviente. Fue extraño, podía sentir a Yunho en él. – Tú… ¿No te has preguntado como se tu nombre?
-          Si, lo hice… pero no supe si sería atrevido de mi parte preguntar.
-          No eres atrevido… puedes preguntar si quieres…
-          ¿Me lo dice?
-          Mi pequeño Taemin me ha hablado de ti…  creí que exageraba al describirte, pero veo que lo subestimé demasiado.
-          Mmm… no tengo idea de que le haya dicho pero… no soy una mala persona de todos modos.
-          No no, habló bien de ti… muy bien. Demasiado tal vez.
-          Realmente me aprecia,  y yo a él por supuesto… ¿Desea beber algo? ¿Comer? Enserio, estoy a sus órdenes…
-          ¿Siempre eres así de disciplinado? ¿Con todos?
-          No claro que no. Solo con las personas que quiero ser disciplinado…
-          Que sincero… demasiado para ser un esclavo.
-          Veo que lo único que conoce de mí Señorita Anne, es mí nombre.
-          En realidad finjo no saber nada… se que tu carácter es moldeable según la persona que de la orden… también se que varios generales enloquecieron al conocerte, entre ellos mi hermano.
-          Así que eso se dice… que Yunho perdió la cabeza por mí…
-          ¿Yunho? ¿Lo tratas tan informalmente? – ella habló sorprendida, ya que conocía más que nadie, esa tendencia del moreno de no ser llamado por su nombre. - ¿En qué momento un sirviente llegó a ocupar este lugar?
-          Solo a veces… pero él me perdona si lo llamo así… incluso si le falto el respeto me perdona, aunque me de una reprimenda… - Jaejoong sonrió al pensar en qué clases de reprimendas le daba y quiso portarse mal, como cuando era nuevo en el castillo.
-          ¿Reprimendas? Mi hermano está loco…
-          ¿Va a odiarme usted también Señorita?
-          No… claro que no, solo estoy sorprendida por este fenómeno que causaste… incluso mi sobrina te ama… los sirvientes también y yo se que Changmin aprendió a quererte, pero a su modo.
-          Juro que no hice nada… en parte, su hermano ha logrado algunas cosas en mí desde que…
-          ¿Te compró verdad?
-          Así es…
-          Eso explica muchas cosas… ¿Bo Ah lo sabe? Es algo bastante obvio…
-          Yo creo que ella va a matarme…
-          Yo también lo creo. Pero estoy hablando seriamente rubio… - ambos voltearon a ver quién salía a tomar aire… Jaejoong no lo pensó dos veces, corrió a la cocina cuando el Conde los miró. No estaba preparado para esto luego de tanto tiempo sin ni siquiera hablar con él. - ¿A dónde vas?
-          Los invitados se han ido… debo organizar los salones, limpiar los platos y guardar la comida… - le gritó. Yunho se quedó sin poder a penas saludarlo.

[…]

~ De esos amores que llevan a la locura, hay muchos.
Ni el dolor, ni la felicidad, ni la muerte, ni la sangre saben lo que es el amor: el sentimiento más contradictorio del mundo, según la persona ~
  
¿Y por qué una mujer, tan bella y poderosa, debía volver a derramar una lágrima por un hombre que no la supo querer?

“Te entregué mi cuerpo, mi corazón, mi cabeza… te entregué una hija. Te entregué mi vida Yunho y ahora que la has usado y echado… yo lo recuperaré obteniendo la tuya”

[…]

-          ¿A dónde fue?
-          A ordenar. Algo así escuché.
-          ¿Te has presentado? – el moreno interrogó a su hermana, ya que sabía, tenía una habilidad peligrosa para hablar. – dime que te has comportado…
-          Oye Yunho… ¿Enserio te preocupa lo que pude haberle dicho? ¿Tienes fiebre? – llevó irónicamente una mano a la frente del moreno.
-          Estoy hablando enserio Anne.
-          Yo también… ¿Cómo es posible que no me hayas golpeado ya?
-          Ya suficiente… - el mayor empezó a caminar, extraña casualidad hacia la misma dirección que el rubio. Ella empezó a reír… se había vuelto tan obvio y tan débil a la vez.
-          ¡Hermano!
-          ¡¿Qué?! – se detuvo un momento… ya un poco enojado.
-          Ya no hay nadie en la casa y… todos duermen…
-          Deberías dormir tú también…
-          Seguiré tu consejo… - Yunho continuó avanzando pero otra vez fue interrumpido. – ¡Hermano!
-          ¿Qué quieres Anne? ¡Habla de una vez!
-          Ah sí… solo quería decirte que… mmmh… tienes un lindo sirviente. ¡Un muy lindo sirviente!
-          Lo es… ¿Cierto? Todos piensan igual.
-          ¿Tú también? ¿Cómo es que no juegas con él? – el tono irónico de Anne que terminaba de comprobar todas sus teorías. “Poco llamativo” era el hombre que tenía el corazón del Conde.
-          Por supuesto que sí hermana… ¡Hoy nos toca!

[…]

Como si fuera poca provocación para Yunho, llegó a la cocina y esperó a que Jaejoong volteara a verlo… pero no lo hizo.
Sus manos se movían frente a él… ¿Se encontraba limpiando a estas horas?
Y lo que era mas extraño… ¿Se encontraba limpiando?
Aunque él fuese un sirviente, tenía bastantes privilegios… y eso sin dudas, se lo había dejado todo a los otros 5 ayudantes.
Terminó con las numerosas copas donde habían bebido los invitados, llegaron a ser más de 50 por la noche.
Sin embargo al terminar, no salió de la cocina, ni mucho menos se sentó a descansar… solo abrió uno de esos paquetes con el helado más rico que se pudiera probar, y de cereza.
Esa obsesión que Jaejoong mantenía por las cerezas, la cual Yunho no comprendía.
El moreno pensó… ¿Se quedaría observándolo viéndolo comer mientras avanzaba la noche? Ya era tarde y…

Ya era tarde.

Sonrío y vio llegar a Changmin a su lado, curioso, por saber que estaba haciendo.

-          Primo… ¿Qué problema tienes? Es tu cocina… no debes pedir permiso para pasar… - el morocho preguntó inocentemente, ya que lo que menos imaginaba era que el Conde se encontraría espiando al rubio.
-          Shhh… silencio, no quiero que nadie me escuche.
-          ¿De qué estás hablando?
-          Shhh… vete a dormir…
-          ¿Estás ebrio? Pero recién has vuelto de batalla… - lo empujó para poder ver que era lo que llamaba su atención, y se sorprendió al ver a Jaejoong sentado sobre la mesa, comiendo solo… a esas horas de la noche. - ¿Estás observándolo a él?
-          Ah quién más si no primo.
-          ¿Qué? – la cara de sorpresa e indignación de Changmin al escucharlo tan convincente. ¿Qué se pasaba por su cabeza? ¿Acaso el morbo lo llevaba a disfrutar de ver a su amante comer? – creo que has perdido definitivamente la cabeza Yunho…
-          Shhh… ¡ya, lárgate!

Changmin permaneció un rato en silencio… y acompaño al Conde con su misión por espiar al sirviente.
Parecía que Jaejoong sabía que lo observaban… si no, no se encontraban motivos para que fuese tan provocadora su manera de comer. Yunho estaba perdiendo la cabeza, sumándole a que no lo veía hace tiempo ya.
Se quedó asombrado al ver a su primo imitándolo. ¿Por qué estaba haciendo eso?

-          ¿Qué demonios Changmin? ¡Vete ya a tu habitación!
-          No soy un niño que mandas a dormir… ¡Vamos!
-          Si no quieres dormir, no lo hagas… pero no te vas a quedar aquí a espiarlo a él… - Yunho bufó…incluso parecía celoso. De hecho, lo estaba.
-          No es como si me interesara… - ambos sonrieron – bueno, tal vez no tanto como a ti…
-          Tienes 5 segundos para salir de mi vista… - el rostro del moreno se transformó sin dudas al escuchar las palabras de su primo. “tal vez no tanto”… ¿Acaso todos habían perdido la cabeza por el sirviente?
-          ¡No vayas a enojarte!
-          ¡Tú eres el morboso aquí!
-          ¿Qué? Perdóname… pero no soy yo quién tiene una erección mirando a su amante comer helado. – Yunho abrió los ojos y sintió una vergüenza tremenda… se llevó las manos al pantalón. Se notaba… si que se notaba. - ¿Vergüenza acaso? Perverso…
-          Shhh, lárgate… ¡Lárgate!

Lo empujó y le hizo una seña bastante aterradora. Changmin no lo pensó 2 veces y cansado de pelear decidió irse.

Escuchó un ruido dentro de la cocina. Jaejoong había volteado parte del helado.

Yunho tenía un problema y, nuevamente, el rubio era su responsable.
Entró sin pedir permiso y lo asustó… después de todo, estaba prohibido para los sirvientes comer en horario de trabajo y más todavía la comida del Conde y su familia,

-          Creo que te he atrapado…
-          Oh… lo siento, lo siento… tú sabes que, amo las cerezas. – la sonrisa de Jaejoong lo hizo ceder, igualmente, no estaba verdaderamente enojado.
-          Si… lo se. – esta vez los dos sonrieron… realmente se extrañaban, tanto, que ninguno encontraba las palabras justas en aquel momento. - ¿Has estado bien sin mí?
-          ¿Qué crees?
-          Que sí has estado bien… ya que te veo más reluciente que nunca. – eso hizo ruborizar a Jaejoong. Tuvo que apoyar el pote de helado sobre alguna plataforma. Empezó a juguetear nervioso con sus manos, aunque no era muy propio de él perder el control así. – más reluciente… hermoso… deseable… - continuó halagándolo mientras se acercaba a él y lo acorralaba contra la mesa. Sintió su aliento chocar contra sus labios. El rubio ya empezaba a suspirar, aunque sabía que no era el momento para dejarse coquetear así.- ¿Me dejarás pasarla bien contigo esta noche? Hace mucho no nos vemos…
-          Yunho… no lo se… recuerda que Bo Ah está durmiendo y tu hija ya está grande… suele pasear por los pastillos cuando no logra dormir…
-          ¿Quieres que te lleve algún lugar? Así no estas tenso… - el moreno lo invitó, pero sabía que no iba a contenerse hasta algún antro de la ciudad. Necesitaba hacérselo ya, ahí mismo si era necesario. - ¿Qué dices?
-          Mmh… probemos un poco de peligro.

Jaejoong se mordió el labio al imaginar muchas cosas que podrían hacer con el helado sobre la mesa. Aún no había saciado su sed por las cerezas… tal vez era bueno estimular un poco más al moreno. Solo sonrió al sentir su entrepierna latir con un simple rose. Estaba más que excitado… eso lo hizo sentir muy orgulloso.

-          ¿Te has excitado mientras me veías comer helado? Maldito perverso… 
-          ¿Notaste que estaba allí?
-          Sí… imposible ignorar tu perfume…

El moreno atrapó sus labios sin avisar. Simplemente no podía evitarlo, se convertía en un animal cada vez que Jaejoong lo seducía, a veces creía que tal vez ni siquiera eso hacía falta. Se posicionó entre sus piernas, obligándolo a abrirlas un poco más… mientras continuaba besándolo y empezaba a desabrochar esos molestos botones de su perfecto uniforme.
El rubio esperó a quitarle la camisa para sujetar una capa de helado y echarla en su pecho, Yunho tiritó debido al frío, pero eso no lo detuvo para continuar desvistiéndolo.
Mientras tanto, su pecho comenzaba a ser víctima de la habilidosa lengua de su amante, que se sostenía con las manos sobre sus hombros, y dejaba heridas bastantes profundas por culpa de las uñas.
¿Por qué no era cuidadoso? Ese siempre había sido un tema de discusión para ambos… las agresividad y las marcas que se dejaban mientras tenían relaciones.

Esta vez fue el moreno el que atrapó helado entre sus dedos, y lo llevó apropósito sobre sus propios pezones, para que sean atendidos de una buena vez.
Jaejoong entendió el mensaje rápidamente y se encargó de juguetear con ellos. Los mordió y lamió lo suficiente para que Yunho gimiera por primera vez en la noche.
Odiaba admitirlo, pero eso lo encendía al 100% a él también.
Abandonó su pecho para dejar que su amante jugara un poco con su cuello.
Cobró su deuda por los rasguños en sus brazos.
Mientras tanto, le quitaba el cinturón e imitaba aquella acción con el suyo.

Tal vez esa noche, estaban un poco desesperados como para hacer una preparación extensa.

-          Esa atolondrada boca Jaejoong… hace cuanto no la probaba…
-          Mmh… esta boca quiere un poco más de helado Yunho… un poco más – la excitada voz del rubio logró que el moreno comprendíera que esta vez, había que ir un poco más rápido. Ni siquiera se molestó en trabar la puerta o llevarlo a una habitación… lo iban a hacer ahí mismo. En la cocina, en la mesa. - ¿Qué esperas Yunho? Quiero helado, quiero más…
-          Maldito, eres un maldito…

Teniendo al hombre más hermoso del mundo riendo entre sus brazos, suplicándole por más, gimiendo su nombre, totalmente entregado y casi completamente desvestido. ¿Cómo iba el Conde a resistirse?
Llevó su mano dentro del pote que contenía el resto de helado. Se peleó con la de Jaejoong, que seguía jugueteando con la crema… continuaba manchándolo y chupando cada vez que podía.
Le preguntó irónicamente si aún deseaba comer el helado que restaba. Ambos sonrieron… y el rubio se llevó 3 de los dedos de su amante a la boca.
Los absorbió tranquilamente mientras masajeaba y sentía el miembro de Yunho en extremos problemas. Era divertido para él saber que pronto, eso estaría en su interior, y que le haría perder la cabeza probablemente.
Subía y bajaba, mientras no dejaba ni una pizca del postre en los dedos del moreno, el cual lo miraba atentamente sin poder correr sus ojos de él.

-          Más profundo Jaejoong… más rápido… no vayas a dejar nada. – la sonrisa de autosuficiencia cuando aumentó la velocidad, y deslizaba hasta el final de su garganta los dedos de un desesperado Yunho que no veía la hora de terminar de poseerlo ahí mismo. – Que habilidosa lengua tienes… que sirviente tan obediente… - el rubio se detuvo al oír sus últimas palabras. ¿Obediente? Mmm, eso le hacía creer que era ordinario… que era sumiso. No le agradó en absoluto.
-          ¿Obediente? – sonrieron ambos, había pegado en el punto justo para hacerlo poner un poco más sucio si era posible. – Apóyate sobre la mesa. ¡Ya!

Solo no le dio tiempo a quejarse. Lo obligó a cargarse sobre la mesa y a apoyar sus manos en ellas.
Le quitó por completo el pantalón y los borcegos. Luego lo imitó, pero sin sacar las botas del uniforme que él llevaba puestas.
Esa era una de las costumbres de Jaejoong, no dejar a su amante usar zapatos mientras intimaban, pero él si quería, podía conservarlos.
A eso le seguía un menú dulce obligatorio al terminar y nada de tapar ese pecho de Yunho que tanto le gustaba.

-          ¿Me ayudas a subir?

Usó un tono bastante agresivo pero autoritario.
El moreno solo se dejó llevar por un momento… pero conocía sus límites.

Lo sujetó y subió sobre le mesa. Quedó entre sus piernas, mientras comenzaba a besarlo nuevamente y llevaba aquellos dedos bastantes dilatados a su entrada.
No le preguntó… simplemente lo hizo.
El primero, pareció no notarlo ya que no interrumpió el encuentro de sus bocas.
El segundo, lo hizo jadear… pero no lo suficiente para soltarlo.
El tercero, los obligó a separarse y dejar de jugar con el helado. Se encontraban bastante pegajosos, transpirados y desalineados… era sin dudas una de las situaciones más raras de sus vidas.

-          Vamos Yunho… siempre dolió al principio.

El Conde comenzó con los movimientos circulares, mientras veía el signo de molestia en el rostro de Jaejoong.
Pero no le importo… siempre llegaba a la conclusión de que su sirviente era lo suficientemente perverso como para soportar eso e incluso disfrutarlo.
El rubio golpeó su pecho cuando abrió los dedos de más dentro de él… pero aún así solo gimió por lo bajo, no quiso demostrar mucha más molestia.

-          Veo que estás bastante tranquilo amor… mejor, acomódate que ya estoy demasiado ansioso y sin ayuda de nadie.

El moreno susurró mientras volvía a besarlo y se quejaba por la agresión.
Se movió un poco más el centro de la mesa y lo obligó a arrodillarse separando las piernas alrededor de su cintura.
Jaejoong estaba completamente expuesto a su hombría… tanto, que incluso notó algo de duda en su rostro.

-          Tienes bastante energía esta noche amor, así que vas a saltar tú…
-          Me parece bien… “amor”.

Se posicionaron y Yunho lo penetró rápidamente.
No podía explicar como se sentía con exactitud que esas estrechas paredes contuvieran su erección luego de tanto tiempo, pero era casi como había imaginado su paraíso.
Siempre era así, cada vez que lo hacia suyo… nunca cambiaba, era como una droga.

Drogas que no cansan, drogas que causan adicción.

-          Te quiero ver saltando… ¡Ahora! – sabía que a Jaejoong le encantaba que fuese rudo con él, así que por que no torturarlo un poco.
-          Es… es…espera un momento… - a penas podía hablar por culpa del dolor, mantenía los ojos cerrados y sus manos en el hombro del moreno otra vez.
-          ¡No! ¡Ya! ¡Ahora!
-          Yu…Yu…nho…
-          ¡Ahora! ¿Qué no entiendes? – Y lo envistió impacientemente, haciéndolo gritar del dolor, como hace mucho no lo escuchaba. Ese era el regalo que las noches le entregaban cuando vivían juntos en el castillo. – Ah sí… vamos, comienza a moverte.

A pesar de la incomodidad, Jaejoong empezaba a moverse sobre él… llevando un ritmo lento y bastante cauteloso. Cada vez que se detenía un poco, el moreno lo obligaba a retomar… hasta empezar a sentir, como esos gritos de dolor se trasformaban en placer, música para sus oídos.
No tardó en comenzar a brincar, usando toda la fuerza que le quedaba… ya estaba listo incluso para reír, como solía hacer siempre antes de llegar al orgasmo.

-          Yunho… así… así… se siente tan… bien.

El moreno sonreía desde abajo, mientras sostenía su cintura y lo ayudaba a mantener el ritmo. Realmente, aunque jamás se había encontrado en su posición, podía imaginarse lo cansador que era auto envestirse.

-          Cada vez que quieras helado puedes pedírmelo. Te lo daré de esta forma. – un dejo de ironía en su voz. Ahora desearía que el rubio pidiese helado todo el tiempo.
-          Ahh… cla… claro….

La energía de Jaejoong cada vez iba desapareciendo un poco más. Así que Yunho decidió ayudarlo para que pudiesen acabar juntos de una vez.
Aunque no lo deseaban y hubiese sido perfecto pasar la noche completa así… sabían que la cocina no era del todo segura.

Lo detuvo un momento y lo hizo bajar… el rostro de su sirviente se mostraba molesto, estaba dolorido y que lo interrumpieran de esa forma sin dudas no colaboraba.

-          ¿Duele bastante verdad?
-          Idiota. Vamos, que aún no terminamos.

Nuevamente ambos se rieron y colocaron sobre la mesa… pero esta vez, Jaejoong se acostó y Yunho se quedó parado entre sus piernas.
Retomó con las estocadas de nuevo, y ahora podía darle al rubio la oportunidad de masturbarse mientras lo hacían.
Lo ayudó con eso también.

Realmente, era placentero para ambos… y lo peor era saber que no había otra persona en el mundo que los lograra hacer llegar hasta ese punto de locura.

Tanta era su distracción, que no notaron los ruidos por los pasillos y olvidaron los vidrios que conformaban la transparente puerta.

Yunho se corrió dentro de Jaejoong en primer lugar… haciéndole sentir como su esencia bañaba su interior y lo hacía temblar por los escalofríos que le causaba.
Se corrió luego él en segundo lugar, en su mano y la de su amante.

Si que estaban cansados… y dormir juntos era el mayor deseo que tenían, pero así también el más imposible.
Se levantaron y empezaron a vestirse… sin hablar, pero riendo cada vez que cruzaban miradas.

Sí… estaban completamente idiotizados el uno por el otro. Tanto, que preocupaba.

El rubio fue el primero en vestirse y así también el primero en notar la mirada de Bo Ah desde la puerta… con un arma en la mano derecha, que lo hizo poner pálido y dejar sin palabras.
Llamó la atención de Yunho, pero éste tardó en voltear.

La mirada, era una mirada fría… perdida…profunda y sobre todo negra, llena de dolor y maldad.
Ni siquiera la había podido observar en el rostro de los militares asesinos que se habían encargado de asesinar a su familia. Ni siquiera en el rostro del moreno cuando perdía la cabeza.
Simplemente, jamás la había visto.

Y temió por la vida del hombre que amaba, de su hermana en manos de Typhoon, de cualquiera ahí en la casa, menos él… ya que la suya, había dejado de importarle hace bastante tiempo.

-          Bo Ah… ¿Qué… estás… haciendo? – Recién ahí el Conde pudo verla… y sintieron exactamente el mimo temor los dos. – Suelta esa arma… no quieres hacer una locura…
-          Locura… - los señaló a ambos y sonrió, del modo más enfermo que pudiesen imaginar – eso es una locura… ustedes lo son…
-          Bo Ah, tranquila… podremos hablar, pero sin esa arma de por medio.
-          ¿Hablar? ¿De que mierda hablar Yunho? Yo no quiero hablar con nadie… es un tema cerrado para mí.
-          Pero yo sí quiero hablar… ¡mereces una explicación!
-          ¿No entendiste nada en estos largos y pálidos años cierto?
-          Podrías hacerme entender…
-          ¡NO! – los apuntó esta vez, con toda la convicción del mundo, como si disparar no fuese un impedimento para ella. – ¡Ya no me interesa! Ahora… “Dolor”, dolor para ti, para él, para todos en esta maldita casa y en esta maldita ciudad! – Jaejoong sujetó el brazo del moreno y suspiró resignado. ¿Morirían ahí mismo? Podía sentir el frío que la muerte te mostraba antes de tomarte… esa que cuentan en los libros. – No te pongas nervioso Kim Jaejoong… ¡No voy a matarlos! ¡Eso sería un placer para ustedes! Morir juntos… ¡Bla bla bla…! Vivirán… pero con culpa… por haber destruido mi vida, por haberse enamorado de la persona equivocada, por haber causado la muerte de su hija… por que ella, no es mi hija.

A partir de ese momento nada de lo que ocurrió fue claro.
Bo Ah salió corriendo por el pasillo, hacia la habitación de Hyunah. Los sirvientes tardaron en reaccionar y fue Jaejoong el único que le siguió los pasos.
El moreno intentó correr, pero los perdió, ya que no creyó que iría a la habitación de su hija, si no a la suya.

[…]

Hyunah lloraba junto a Jaejoong, con las manos y el rostro lleno de sangre y completamente inmóvil… que había recibido un disparo en el pecho.
Su habitación estaba oscura y ellos tirados en el suelo, junto al único rayo de luna que llegaba en él.
Bo Ah continuaba apuntándolos… sin arrepentimiento y más convencida que nunca a disparar otra vez y asegurar la muerte de ambos, ya que su intención había sido matar a los niña sin dudas.

Así mismo matar a su hija de sangre, pero por supuesto, no de corazón.

Disparó otra vez…

Yunho gritó y la vio llevarse el arma a la cabeza. No sería capaz de suicidarse… ¿O sí?
Changmin llegó y no fue capaz de reaccionar… simplemente el cuerpo se le había paralizado.

Fueron 5 segundos de silencio… incluso el llanto pareció desaparecer en aquel entonces.
Solo se escuchó el sonido del gatillo otra vez y las palabras más sinceras y aterradoras de la Condesa hasta ese momento:

-          Yunho… te amé.

Solo se quitó la vida… pero sin ninguna clase de arrepentimiento.

Hyunah gritaba de dolor… de miedo… de desesperación, intentando secar sus lágrimas y ensuciándose con la sangre de una de las personas que más amaba. Sintió el ardor en su brazo… al parecer su madre no había tenido la puntería suficiente.

Los sirvientes y Anne llegaron. No habían palabras… no había ninguna explicación.

Desde ese momento… no se oyeron más que gritos de parte del Conde, que estaba volviendo a experimentar el dolor de una partida.

Capítulo 22 – Conde de guerra

“Se escuchaban las campanas en toda la ciudad. Era imposible, no podía ser que el Conde haya muerto. Más no fue así, cuando uno de los soldados comentó que fue la Condesa la fallecida la noche anterior. Nadie supo exactamente que pasó, porque quienes lo habían presenciado no tenían intensiones de hablar. Igualmente  los rumores hablaban de un suicidio, de un amante, de un Conde debilitado, de una mansión maldita. Era el momento de salir a demostrar que Yunho Jung aún permanecía más vivo que nunca y que no existía evento que pudiese detener su sed de poder”

Parecía un cuento interminable… pero era uno de los más divertidos que hayan escuchado.
Recorrer Japón siempre había sido el sueño de esos tres viajeros historiadores. Todo debía basarse en hechos fácticos, pero esa noche quisieron dejarse llevar por el comentario popular.
Mucho había de coherente y tal vez de cierto en el relato de aquel hombre… que se habían cruzado casi por casualidad al entrar al “bar”.
En los últimos 15 años, no solo la guerra había finalizado… si no que el tratado de Corea y Japón cambió su curso, para bien.
Si bien mucho se habló del final del imperio Jung, ningún dato jamás fue exacto. Ni tampoco sobre el fracaso del imperio de generales, el cual sin dudas intento comandar Typhoon. Algo no tenía sentido en los dichos de los escritores, los pocos que quedaban… ya que de los verdaderos testigos casi ninguno había sobrevivido.
Hoy en día todos querían conocer a ese Yunho… y por que no también a quién se decía fue su amante. Se agregaba luego a Bo Ah, incluyendo su sirvienta… ¿y por qué no a los 5 muchachos que hacían la vida del Conde más fácil?

-          La desgracia llegó nuevamente a la familia Jung. Luego de haber perdido a sus padres, al Conde ese día, le tocó perder a la Condesa, de escasa edad a solo dos años de tener a su primer y único hijo…
-          Miles de teorías me imaginé en mi cabeza sobre como pudo haber sido su muerte… - la señorita sorprendida compartió con sus compañeros.
-          Así de loca estaba… intentó matar a su propia hija. – Junsu la siguió, casi convencido del hecho, aunque solo se suponía era una leyenda - ¿Y Jaejoong? él… estaba herido…
-          Antes de responder todo mis colegas, quisiera aclararles algo…
-          Diga… no podríamos oponernos luego de haberlo escuchado por más de 1 hora – Yoochun sonrió, intentando que pudiese sentirse cómodo.
-          Todo lo que viene de la historia… puede parecer bastante alocado… pueden elegir si creerlo o no, pero seré sincero y les contaré todo lo que se. Si se preguntan el porqué, es muy simple. Ustedes también serán parte de la historia… aunque no lo crean.

Hyunah se retorcía en la cama al no poder dormir.
El yeso en su brazo izquierdo le impedía colocarse en su posición favorita.
Tal vez no solo era eso y la oscuridad en la pieza la estaba volviendo loca.
Así era todo el tiempo, desde aquel evento desafortunado donde participó su madre de sangre. El pánico se apoderaba de ella cada vez que se encontraba sola o lejos de su familia, y estar junto a su padre, mientras utilizaba armas, era casi imposible.
Con a penas 3 años, las experiencias vividas le hacían doler más de lo que todos imaginaban. Criada entre gritos, por un hombre que cumplía un papel extraño en esa sociedad, con un padre ausente y una madre demente, la niña intentaba crear un concepto del “bien y el mal”… pero nadie podía corregirla.

[…]

Esa noche el rubio le había prometido volver y le rogó que no le dijese a nadie que partía a la ciudad. En especial a Changmin que sería la primer persona en comunicarse con Yunho.
Pero todo salió mal, incluso peor de lo que se pueda imaginar, ya que no solo Yunho se enteró, si no que decidió salir a buscarlo. Había venido de visitas imprevistamente.
El intento por viajar a las calles de Tokio se frustró, cuando el Gran señor Kwon pisó la puerta de su castillo. Jamás había existido una charla posterior a la muerte de su hija, jamás una pregunta.

-          Es momento de que uses tu comodín Conde. Yo no voy a decir que lo siento, por que no es así. – fueron unas palabras frías y realmente aterradoras para el moreno, que entendía a la perfección lo que significaba cada una de ellas.
-          ¿Cuál sería el motivo?
-          Que perderemos la guerra. Y junto a eso, tú perderás tu puesto.
-          ¿Y si gano?
-          Tú te lo quedarás… por siempre, y elegirás a quién otorgárselo. Así como te prometí desde un principio.
-          ¿Incluso si fuese Hyunah esa heredera?
-          Claro que sí… es mi nieta. Es mi sangre.

El señor tendió su mano para sellar el último pacto.
Yunho debía consagrarse victorioso junto a ese ejército especial que durante tanto tiempo entrenó. Debía viajar y colocar su cuerpo como fianza, y estar dispuesto a morir por su patria

-          Mañana por la mañana saldrás. Despídete de todas las personas que quieras.
-          Será así entonces.
-          Al finalizar, mi ejército irá a buscarte y traerá… junto a los soldados sobrevivientes. Los grandes Generales, incluyendo Typhoon, viajarán en los próximos 3 días para apoyarte. Tendrás las armas necesarias, el alimento indispensable y el oro suficiente como para moverte libremente en tierras coreanas. Por supuesto, tu castillo quedará ampliamente protegido.
-          De acuerdo Señor. – Yunho creyó que tal vez en agradecimiento por esta ayuda repentina, hablar de su hija sería correcto. No entendía porqué jamás se había comunicado con él o volcado sus dudas. Era un tema silencioso para todos a su alrededor. -¿Hay algo más que quiera saber antes de que parta?
-          ¿Se suicidó verdad? – la pregunta salió desprevenidamente de su boca, y dejó completamente inmóvil al Conde. - ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué jamás pudiste enamorarte de ella?
-          Me enamoré de alguien más.
-          ¿Tanto? ¿Tan así vuelve a las personas el amor?
-          No podría explicarlo. Es asquerosamente hermoso.
-          Algo Idiota.
-          Muy idiota.
-          Así como para tomar un arma con 3 balas... ¿Cómo logró descargarla por completo?  
-          ¿Quiere que sea sincero? – el moreno intentó ser cauteloso… después de todo no sabía si iba a creerle o si podría llegar a herir sus sentimientos como padre. – ¿sincero aunque duela?
-          Así es.

Los 3 hombres que acompañaban al Señor Kwon se quitaron sus protectores.
Typhoon era uno de ellos y el más curioso por saber que era lo que iba a contar el Conde.
No notó que él, había oído toda su conversación.
Tampoco le importó… y solo recordó momento a momento aquella noche.
Veía la sangre… la sangre de dos personas que lo amaban. De una que lo amó.

-          Ella llegó a la habitación y descubrió esto que acabo de decirles. Probablemente no quiso creerlo. Probablemente le destruyó la vida y por eso decidió ir a “despertar” a su hija. Él corrió a la habitación y se interpuso entre ella y la niña. Recibió el primer disparo. Sangró. Así llegué y no pude contenerla… volvió a tirar, pero esta vez ya no falló. En realidad, no lo hizo ninguna de las dos veces. Ella manchó sus manos con la sangre de su bebé… y luego de eso me miró y decidió que su papel en el mundo había terminado.

[…]

El rubio rompía la última nota que el General le enviaba, cuando se escuchó el llanto de la niña.
La niña ya no solía llorar, no mientras ciertos temas permanecieran en silencio.
Jaejoong entendió, que nada bueno podría ocurrir esa noche.
Los sirvientes comenzaron a correr, llevando y trayendo bolsos, ropa, armamento, incluso comida. Taemin fue el único en notar su presencia en la habitación… pero tampoco se detuvo a explicarle que era lo que estaba ocurriendo.

-          Tal vez, haya llegado la hora.

Salió del castillo… pero sin ninguna intención de abandonarlo.
Era sentir, una fina capa transparente de fuego rodeándolo, y el horrible sabor a cenizas en la boca. Parecía como si todo a su alrededor, estuviese siendo destruido por las llamas.

[…]

Pov’s Jaejoong.

~ Si pongo un paréntesis en la historia, termino hablando de mí. Es como si quisiera entender que es lo que estoy sintiendo en este momento. Desde que lo conocí, nunca tuve un sentimiento definido. Era como una mezcla de todos, incluyendo los opuestos. Cariño – odio, felicidad – tristeza. Era como llevar una enfermedad conmigo.
Llegué a la conclusión de que tal vez eso era amor.
Me molestaba, pero no estaba en mí poder desecharlo.
Vos estabas en mi mente, en mi cuerpo y en mi alma. Y a mi me gustaba.
¿Lo ven? Ya tan rápido contradiciéndome. ~

Salí corriendo del castillo, aunque era de noche y sabía que era peligroso.
Esos coreanos estaban todo el tiempo pendientes de los movimientos de la casa, y aunque yo fuese su compatriota, probablemente lo olvidarían a la hora de atacar. Era algo así como la vergüenza de mi patria.
Por supuesto que te ví siguiéndome, y sin embargo no quise detenerme.
No quería oírte esa noche… ¿Para qué escuchar malas noticias?
Todo parecía terminar en lo mismo: ibas a irte.
Y yo no podía dejarte ir, pero tampoco podía impedirlo… por que era tu deber, por que a pesar de que yo fuese alguien importante en tu vida, tú seguías siendo tú y yo seguía siendo tu amante. Tu esclavo, tu amante, tu amor.

La ciudad intentaba sobrevivir a la guerra, por eso continuaba con sus actividades… aunque sabían que llegaría lo peor.
Me encontraba en ese restaurante… dispuesto a beber alguna copa, pero pequeña, ya que no tenía dinero… cuando llegaste y me jalaste el brazo.
Si… me habías seguido, eras muy persistente y no ibas a dejar que la noche terminara sin decir lo que tenías en mente.
Me senté, me imitó y aunque lo miré con mala cara, solo llamaste al mozo y le pediste a parte de tragos, un menú especial. Él te reconoció… todos los hicieron.
Y ahí empecé a sentirme intimidado, aunque nadie se atrevió a mirarme a los ojos o de frente. Era demasiado extraño y me sentía poderoso… pero sabía, ese era tu poder. No el mío.

Cenamos. Tranquilos y con pocas palabras.
Me hablabas de Hyunah y yo, no podía evitar contarte de todos esos avances que habíamos tenido en su tratamiento. Realmente luego del accidentado suicidio de su madre, fue necesaria la intervención de muchos médicos para que continuara lúcida. Y no hablaba justamente de las heridas que recibimos, ya que ambos nos pudimos curar de esos disparos.

Salimos del lugar y tomaste mi mano. No te importó que todos miraran… pero ese era el detalle, nadie se animaba a mirar.
¿Qué habías hecho Yunho Jung? ¿Quién eras?
Las personas creían ver un fantasma al cruzarse contigo, y sus ojos luego comenzaban a brillar cuando les sonrías. Y ni hablar de la palidez que producía un regaño de tu parte.
Tal vez si eras un ser sin corazón, tal vez enserio eras casi un dictador y yo no lo notaba.

Por que me habías enamorado.

Nuestro extraño paseo continúo por todo el centro. Terminamos visitando esa plaza mitológica, y me contaste de las leyendas que se habían inventado.
No quería volver, me la estaba pasando genial contigo… y eso siempre era así, pero cada vez más seguido.
Compraste después los dulces que te pedí… me llevaste a la biblioteca a buscar de esos libros que siempre quise leer y me mostraste los monumentos más hermosos que tenía la ciudad. Todo lo hacías sin quejarte, hasta que decidí volver con el carruaje que yo mismo había traído. Jonghyun me esperaba en él.
Te negaste. Le dijiste que volviera solo y que comunicara al castillo que todo estaba bien… que tu tenías a tu caballo para volver.
Sonreí. No tenía nada para decir.

Caminamos fuera de la ciudad, y estaba tu caballo negro esperándote.
Me llamó la atención que me hicieras subir solo, pero después entendí cual era tu intención… que paseáramos juntos… por eso te colocaste detrás y empezamos a cabalgar.

Ese camino dio a la playa. Jamás había llegado hasta ahí, porque creo que no me habías dejado.
Aunque la arena diminuyó el paso, parecía ser la escena perfecta… mientras tomabas mis manos y me ayudabas a montar a Yen… si, así se llamaba tu compañero.

Me pareció extraño que te hayas detenido, me encontraba bastante perdido, pero quizás solo era producto del retroceso mental que sufría cuando te portabas así de bien conmigo.

Señalaste  la gran silueta sobre la colina. Era de noche y no podía observar bien… pero si no me equivocaba era su castillo, nuestra casa.

Me invitaste a sentar en la arena, el viento soplaba pero no daba frío, la luna iluminaba solo lo necesario, las olas cantaban y causaban paz… y estabas tú amenazando con hacerme perder la cabeza otra vez.

-          Detrás del castillo siempre estuvo el mar. Es por eso que al principio no quería dejarte salir… temía que hicieras una locura.
-          Eso explica el suave sonido del agua cada vez que todo se encontraba en silencio…
-          Sí… - se sentó detrás de mí y me acomodo entre sus piernas… terminé apoyando mi espalda en su pecho. Que más daba, estaba completamente entregado cuando se trataba de ese Yunho romántico. – el río… que siempre frecuentamos, es la entrada… y los bosques, los costados. Fue siempre una posición estratégica para que sea difícil entrar, pero fácil salir.
-          Para mí fue al revés… fue fácil entrar, pero difícil salir.
-          Depende la persona, me olvidé aclarar…

Me hundí en pensamientos, estaba más que cómodo y sentir tu pecho subir y bajar más fuerte cada vez que me movía… sin dudas me relajaba.
Tal vez… ¿Tú también estabas tan enamorado como yo?
Pensar así me hizo sentir que me faltaba humildad, que derrochaba soberbia.

-          Mi padre… fue un gran padre. Aunque no haya demostrado ese lado paternal común.
-          ¿Y tu madre?
-          Fue una gran mujer. Demasiado pura. – me quedé en silencio. Él jamás había elogiado algo de su madre… siempre le había reprochado cosas y se mostraba en descontento con ella. Llegó a decir que la odiaba frente a mí. - ¿Sorprendido?
-          Un poco… pensé que la odiabas…
-          La odiaba ella y a sus decisiones, pero solo por que no podía entenderla.
-          ¿Qué cambio de ese momento a este?
-          Que ahora si la entiendo.
-          ¿mmmh?
-          Ella vivió por amor. Ella cambió por amor. Ella… murió por amor. – giré la cabeza, necesitaba comprobar que era el mismísimo Conde quien decía esas palabras. No parecía él… incluso su voz se mostraba temblorosa. – ella solo hizo lo que yo estoy haciendo ahora.
-          ¿Qué estás haciendo tú? – quería escucharlo de su boca, quería que gritase la palabra amor y terminaría de una vez por depender de este hombre. – No me respondes… ¿Qué estás haciendo tú Yunho?
-          Yo cambié por amor. Vivo por amor y moriré… por amor.

Lo besé… ni quise escucharlo decir nada más. ¿Para qué? Probablemente todo lo que saliera de su boca, fuese lo último que yo recordaría
Sujetaste mi rostro y profundizaste el beso. Tanta pasión, tanto cariño que me hacías sentir… era como si estuviese volando en aquel momento.
Me volteé, te eché al suelo y ninguno de los dos podía parar… porque nos habíamos vuelto adictos, porque los labios del otro eran el mejor regalo de nuestras vidas.
Cuando me liberaste para recuperar aire… vi tus ojos cristalizados y eso bastó para que estallara en lágrimas.
Tú no ibas a llorar. Yo iba a hacerlo por ti. Así que me abrazaste y me acomodaste en tu pecho.

-          Cuidarás a Hyunah.
-          Mientras te vayas… claro que sí… y cuando vuelvas los harás tú… como siempre…
-          La cuidarás por el tiempo que sea necesario… tal vez para siempre. Prométemelo.
-          ¡No será necesario el “por siempre” maldición!
-          Si que lo es… - golpeé su pecho… ¿Por qué estaba hablando como si esto fuese una despedida? – Soy realista… te pido que tú lo seas. Mi madre no lo fue… y se volvió loca.
-          ¿De qué me estás hablando? – me levanté a los gritos… ¿Qué estaba diciendo? Yo conocía a la perfección la historia de sus padres y  la nuestra, no tenía por qué tener ese horrendo final. – estoy siendo realista… te irás a luchar, como siempre lo haces… y yo cuidaré de tu Hyunah… de mí Hyunah… y cuando regreses, todo será igual…
-          Jaejoong…
-          ¡No digas nada! Todo será igual… o no, será aún mejor ¿Sabes? Por que ya no habrá guerra, ya no dependerás de nadie y podrás ser feliz…
-          Jaejoong por favor…
-          No, ¡no te despidas!

Se quedó callado.
¿Por qué lo estaba haciendo? ¿Por qué me hacia esto?
Me estaba abandonando…
¿Dónde estaba esa seguridad y prepotencia que lo caracterizaba? ¿Dónde estaba mi Yunho?
Caí de rodillas al suelo y me tapé el rostro.
Estaba molesto, no iba a darle el lujo de verme llorar.

Pero todos los sentimientos oscuros desaparecieron cuando me abrazó… sinceramente, tiernamente, comprensivamente.

-          No te vas a morir… ¡No! – le dije entre lágrimas, pero él seguía sin decir nada. – No vas a hacerlo… no morirás. ¡No es justo! ¡Te amo! – y mi voz cada vez era más baja… por que me estaba quedando sin energías, sin aire, sin vida. – te amo…
-          Haz ganado Kim Jaejoong. Me ha ganado mi conflictivo sirviente… - me calmé… esperaba que me dijeras que no irías y ya, pero sabía que otras serían tus palabras – termina el juego aquí… pero, incluso antes de morir, serás tú el dueño de mi mente… y te quedarás con lo último de mi memoria. – apreté los puños… pero ya no dije nada más. Era lo más sincero que había escuchado de él, lo más hermoso que me habían dicho en mi vida. - ¿Y sabes el por qué? Por que yo compré tu corazón y te regalé el mío… sí, por que te amo.

Podría decirse que aquella noche ambos fuimos inexpertos… inexpertos, pero en el amor.
Jaejoong se sentía nervioso, y se alteraba y ruborizaba cada vez que las manos de Yunho avanzaban sobre su cuerpo. Eso jamás pasaba, ya que su carácter le impedía demostrarlo y su ansiedad se devoraba la ternura y finalizaba en lujuria-
Aquella noche, era un niño pequeño, de lo más virginal… asustado y a la expectativa del hombre que iba a sacarle esa inocencia.
Una inocencia que él jamás había podido tener.
Por su parte Yunho… con sus temores de herirlo, de causarle impresión e incluso de parecer un bruto sin corazón, intentaba darle la comodidad necesaria y, a la vez, poder sentirse pleno al tener entre sus brazos a la única persona que le hizo sentir amor.
Eran besos suaves, pero no por eso dados con menos pasión.
Eran caricias pacientes,  intentando que el tiempo redujera su velocidad.
Eran sus cuerpos como uno, como había sido desde el principio… llenando todo lo que al otro le faltase y sintiendo por primera vez la felicidad.

El moreno salió de la habitación pasada la noche, recibiendo los finos rayos de sol que amenazaban con despertar al castillo completo.
Fue solo un beso en la frente de su hija mientras dormía… algo así como una despedida. Un saludo cordial a sus sirvientes en la sala principal… la entrega de un paquete al final para su primo.
Él y su hermana partieron a la guerra junto a los generales y el Gran Señor.

Así Hyunah podría continuar soñando.
Así Jaejoong podría continuar durmiendo entre las sábanas, sintiendo el cuerpo completamente frío y soñando que tal vez, la mejor opción sería no dejarlo ir a Yunho de esa manera.

1 comentario:

  1. El suegro de Yunho lo mando a matar de seguro por culpa de su loca hija. Que feo se siente está despedida.

    Gracias!!! 💕💞

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